Los atabales de Marumbia

Las gotas de lluvia caen sin piedad sobre los lirios
Dum, dum, dum, dum, se dejan sonar con delirio
Las hojas anchas como tambores del Marumbia,
Atabales que despiertan a la playa, al junco
Al mar que yace inédito entre la imaginación
De los sueños imposibles, con canticos retumba,
De campesinos, de pescadores, ambos juntos
Y un rio que muere a diario con pasión.

Y la lluvia vuelve a caer sobre la humedad
De un arroyo lúgubre y descontento
Que duerme su constante espera
De ser visto, conquistado, descubierto
Para contar su historia, lo que una vez era
Innegable afluente de temerosa profundidad.

Los atabales del Marumbia suenan
Anunciando su existencia y su letargo
Sus tonos tristes, profundos y amargos
Como hojas de lirios que les adornan.

© Robin Santana –

(Foto: Matilde Heylen).

50 versos

Cuando niño quise escribir el poema más largo de mi existencia
de muchas bellas estrofas y hermosos versos extensos.
Quise, en particular, escoger un tema para mi poema
y en ese preciso momento comenzó mi gran problema,
pues buscaba de que escribir y que tendría que ser intenso.
Quise escribir de rosas bellas en jardín soleado de primavera
y esas rosas se marchitaron en mi mente antes de ser plantadas
en el papel con pétalos de rimas, porque no encontré a la amada
para dedicárselo, y me puse triste, fracasado en la primera.
Pero mi empeño por escribirlo era tal que no juego de niño me saciaba
así que, sin ilusión, sin amada, seguí con mi empresa de escribir
y pensé, ¿Por qué no escribir un poema sobre los montes y colinas,
sobre los verdosos pechos de la tierra que se inclinan hacia arriba
para alimentar nuestra existencia, con aire fresco, el vivir?
Pero no, los machetes y hachas empezaron a derribar los bosques
de los cerros, la naturaleza siendo mutilada para la siembra
y el arado acabó con mis deseos de crear una oda a los montes
y entristecí. Temí que llegaría a viejo sin escribir mi poema largo
de muchas estrofas bellas e intensos versos bellos y largos.
Me consterné tanto, que aun ya viejo siento que la voz me tiembla.
Pero me recuperé y decidí perseverar, pues es el valor de los hombres
no dejar nada a medio acabar, ni olvidado para siempre en un letargo.
Se me ocurrió escribir mi poema sobre mis amigos y pensé
que los amigos son importantes y peculiares, diferentes, sé
que mal podría yo ponerlos a todos en un solo juego verbal
pues sería una ingratitud de mi parte, apresurarlos a todos juntos,
porque los amigos son más que eso, una extensión de uno mismo,
el otro yo fuera de mí, por lo que entremezclarlos no sería justo;
porque cada amigo merece su propio poema que abarcase
su sola existencia y relación, que es única y especial.
Entonces quise escribir sobre el amor, del amor, para el amor,
pero hay tantas cosas que se pueden escribir de este sentimiento
que nos hace pensar menos en uno que en los demás
que no sabría con certidumbre por dónde empezar.
Así que decidí empezar con el amor mismo, el propio amor
sin temor a terminar de ninguna manera en arrepentimiento.
Pero el amor tiene sus épocas, sus estaciones.
Cuando pensé por primera vez en escribir, mi amor se manifestaba
de otras formas, pero al crecer y ver la vida con los claros ojos,
de la realidad, de la vida y sus vacilaciones,
entonces supe que, de diferentes maneras y formas, se amaba
y que no había una forma concreta para definirlo.
Y así empecé mi poema de estrofas muchas y extensos versos
y no me arrepiento, pues escribí que su mirada cegaba la mía
como fuerte luz que dilata mis pupilas y paraliza la vida,
con enérgico abrazo de calor y de sudor ajenos que huele a agrado
y que humedece mi cuerpo con placer de arriba abajo.
Escribí sobre el sentimiento que puede paralizar las agujas
de un reloj que oscurece ante las siluetas, la bulla
que alborotan a los esquizofrénicos enamorados.

© Robin Santana –

Ayer

Ayer viniste a mí sin que te viera,
como en aquellos viejos tiempos
en que te dibujaba caricias tiernas
con mis labios por todo tu cuerpo.

Ayer me dijiste sin que te escuchara,
me susurraste al oído cosas bellas.
Me pediste que del cielo te bajara
una, dos, cuatro, cinco estrellas.

Ayer, sin lugar a dudas fue hermoso,
pues dijiste que me amabas ese día
como no le amas a nadie en esta vida,
así que te abrace confiado y tembloroso.

© Robin Santana – 1989

Quisiera verte

Quisiera verte.
Tan solo
No quisiera que la imagen de tu rostro
Desaparezca de mi mente,
Como se lo ha propuesto el tiempo hacer.
No quisiera que de mi memoria tu rostro se ausente.
Deseo abrazarte una vez mas
Y decirte cuán importante fuiste y eres
Que aun después de tantos años de tu partida,
De tanto tiempo con este vacío en mi vida
Me duele no haber tenido la oportunidad de una despedida.
Todo fue así, tan rápido, sin preparación alguna
Y eso es lo que me duele
Tenía tantos planes para ti, sin amargura,
Pues nunca imaginé que tan rápido te fueres.

Don Gregorio: Entre el rio y el mar

16 mayo, 2010

PRIMERA PARTE

La ubicación

Don Gregorio es uno de esos pueblos que se puede decir que no tienen pasado. Es un pueblo sin historia; aunque no es realmente una comunidad nueva, que digamos, pues su fundación data de los tiempos de la colonia, entre 1506 y 1607, cuando la industria azucarera empieza a desarrollarse. En este período de la vida colonial, fue que se empezó a traer negros esclavos desde África.

Nuestra tradición nos dice que Don Gregorio, a quien cariñosamente apodaban Don Goyo, era un hacendado español, industrial para su época, que poseía uno o varios trapiches en el valle occidental del delta del río Nizao.

Según investigaciones realizadas, hubieron varios nacionales españoles que se radicaron en la isla de la Hispaniola y que se dedicaron a procesar el dulce de la caña de azúcar, llamados Gregorio. La historia especifica a Gregorio Gonzáles, quien operaba un trapiche en el valle de Peravia, perteneciente a don Diego Colón, pero no especifica con exactitud la ubicación del mismo. Este podría ser nuestro fundador, pues no hay videncia de otro Gregorio del área. También podríamos estar exagerando en cuanto a la época. Pudo haber sido la finca de éste Gregorio funcionara años después, pero tampoco hay registros de ello. Recordemos que cuando nos referimos a la Colonia, nos estamos refiriendo a cualquier año dentro de la dominación española. Sea cual sea el personaje y sea cual sea la fecha exacta en que comenzó a operar el procesamiento de la caña en lo que es hoy Don Gregorio, lo cierto es que sí existió un señor nombrado Gregorio, cuyo nombre lleva hoy la comunidad a la cual está dedicado este trabajo.

Tomando como buena y válida la tesis sobre Don Gregorio el personaje, fundador de Don Gregorio la comunidad, la duda recaería sobre la exacta ubicación de la finca o vivienda de Gregorio. Algunos de nuestros padres y ancianos afirman que la casona de Don Gregorio estaba ubicada en los alrededores donde están localizados hoy el local de la Asociación Cristiana de Jóvenes y el estadio de béisbol. Sin embargo, otros afirman que la casa estaba ubicada en una de las colinas del norte de la comunidad, específicamente por la loma de Queque -Carlos José Alvino- o por la colina de Yampo -Adriano Lora – cerca de la laguna de Don Gregorio.

Esto nos trae dos hipótesis, las cuales debemos analizar cuidadosamente. Para la época, el área estaba prácticamente deshabitada. Los asentamientos de Baní y San Cristóbal eran caseríos pequeños, la Capital era lo que es hoy la Zona Colonial. No había comunicación terrestre de la capital a Barahona, por lo que los movimientos de carga se hacían por medio de barcos. Podría decirse que los que procesaban cañas a través de la región o sacaban la carga por la desembocadura de los ríos hacia el mar y de allí a los barcos que no se acercaban a la orilla por la falta de dragado, o cargaban la carga en carreta hacia los muelles existentes, en caso de que estemos hablando de que Don Gregorio operara a finales de la colonia española y que ya existieran los muelles de Palenque y Bani. Esto último resultaría muy difícil, puesto que, para la época, el río Nizao no era el chorrito de agua que conocemos hoy en día. Según los lingüistas, Nizao significa “muchas aguas” en la lengua taina, aunque esta traducción resulta cuestionable, ya que el mismo término significa “buenos días” en el idioma chino, tomando en cuenta que los indígenas de América vinieron de Asia a través del estrecho de Bering.

Siendo que lo que es hoy Don Gregorio debió estar expuesto a severas inundaciones del río Nizao en los tiempos de lluvia, ya que el sistema montañoso – o los últimos amagues de montaña de la cordillera central – termina exactamente donde está ubicado el puente que comunica con las comunidades de Palenque, resultaría fácil para el río, sin ninguna presa hidroeléctrica y cargado de muchas aguas, luego de varias semanas sin parar de llover, penetrar a la llanura donde está ubicada la comunidad. Casi lo hizo durante el ciclón David, que las aguas llegaron cerca de donde está hoy la ACJ por el sureste y al caño de la laguna, por el nordeste, una época en que el río ya estaba represado en Valdesia.

La geografía de Don Gregorio es muy peculiar, pues en la comunidad no hay subidas ni bajadas, es completamente llana. Por lo que resultaría difícil pensar que Gregorio, tomando en cuenta las circunstancias anteriores, ubicaría su casa y el galpón de los peones, esclavos, o empleados, en esta llanura expuesta a inundaciones fruto de las inclemencias del tiempo y el desborde del río. Lo más probable es que la casa estuviera ubicada en una de las colinas del norte de la comunidad y los sembradíos estuviesen ubicados en la sabana donde está ubicada hoy la comunidad, que, para los tiempos no lluviosos, era más factible establecer un sistema de riego para mojar la siembra, pues no sólo caña se sembraba, sino también los víveres y las viandas que componían el alimento diario.

El proceso de siembra de la caña de azúcar es un poco parecido al del arróz. Se necesita de agua abundante (no tanta como el arroz) en la etapa de crecimiento; mientras que se necesita de una tierra seca al momento de la cosecha. Por lo que el sistema de riego debe ser muy bien administrado, y las llanuras son más favorables para lograrlo. Para ese entonces, la ramificación del canal Marcos A. Cabral, que todos conocemos como La Rigola, no existía, tampoco la que pasa por la parte norte de la comunidad, por lo que para esa época debieron de haberse inventado su propio sistema de riego o quizá utilizaban los meses de lluvia para la siembra y el verano para el cultivo.

Los peones

La siembra, corte o cultivo de la caña, además de las demás labores, incluyendo las domésticas, las realizaban los peones, quienes pudieron haber sido esclavos africanos o negros libres, dependiendo de la época de operación de la finca Don Gregorio. Estos empleados, quienes por cierto fueron nuestros primeros habitantes, no vinieron de España como nos enseñan en la escuela, fueron traídos por la fuerza desde África y esclavizados en éstas tierras, de las cuales el propio Cristóbal Colón dijo “la tierra más bellas que ojos humanos hayan podido ver”.

De los españoles adoptamos la lengua y parte de la cultura, pero nuestra raza, el color de nuestra piel, nuestro temperamento y forma de actuar, la alegría, el amor al baile, la reacción al golpe de atabal o tambor y a cualquier ‘dum, dum’, lo que llevamos en la sangre, todo eso, nos viene de generación en generación desde el Africa misma. Los esclavos traídos del Africa eran obligados a abandonar su lengua, dialecto, e/o idioma y hablar sólo el castellano de entonces. Fueron traídos porque los españoles habían acabado con casi toda la raza indígena para 1506, y los pocos que quedaban no eran tan fuertes como para realizar las labores que España quería. El oro se había agotado y había que buscar riquezas de otra fuente. Una de las alternativas era el cultivo de la caña de azúcar, a la que una vez, el Dr. Balaguer llamó “esa yerba mala que no sirve para nada”. Para ello necesitaban manos de obra fuertes, resistentes y gratis. Por ello esclavizaron negros robados de sus tierras silvestres de Africa y traídos a la fuerza a trabajar hasta morir en éstas tierras ajenas y crueles. La pólvora y el sable se encargaron de subyugarlos, las cadenas se encargaron de cuidarlos y de dejar a los amos dormir tranquilos, pues sus presas estaban a salvo, encadenadas en los galpones de esclavos. Ellos no vinieron como los españoles, los trajeron, los trajeron por la fuerza dejando sus familias y sus tierras atrás. Cazados como animales silvestres. Fueron nuestros padres y primeros habitantes de Don Gregorio y aún somos. Don Gregorio es una tierra de hombres negros y alegres, profundos y libres, y lamentablemente, a veces sin identidad. Los amos se encargaron de que nos odiáramos los unos a los otros; que odiáramos nuestros orígenes étnicos; que odiáramos nuestra raza pura y negra como el ébano; que odiáramos el color de nuestra piel. Nos hicieron creer que la razón de ser esclavo se debía a que éramos negros, que ser negro era ser inferior y por eso no queríamos ser negros, por eso no queremos ser negros en estos días, por eso es que negamos lo que somos, queremos ser blancos, porque en el fondo de nuestros corazones odiamos ser esclavos, y odiamos tanto nuestra condición que hasta a veces creemos que no somos negros y lo negamos. Los amos lograron su cometido y hasta el día de hoy llevamos ese prejuicio en nuestros corazones y lo transmitimos a nuestros hijos. A menudo escuchamos las comparaciones de que ‘yo soy más blanco que tú’ o que ‘tú eres más negro que yo’, o ‘en mi casa, negro el caldero’. Da pena escuchar éste tipo de comparaciones, pues es pura ignorancia, ya que negros somos todos, los de tez más claras y los de tez más obscuras, todos venimos del Africa y debemos de estar orgullosos de ello.

Aunque queramos negarlo, nuestras raíces africanas nos han influenciado más que la cultura de los amos españoles. La gente de Don Gregorio piensa más en su comunidad que muchos de los otros pueblos de la provincia Peravia, donde predomina más la raza canaria española. Ese sentimiento de aldea que se siente en Don Gregorio, esa preocupación, ese amor de pueblo nos viene también en la sangre desde Africa, y debemos de estar orgullosos de ello. ¿Acaso, debemos de estar orgullosos de aquellos que esclavizaron, maltrataron y mataron a nuestros antepasados? Si lo hacemos, estamos entonces traicionando la sangre derramada por nuestros antepasados, por los padres de nuestros padres, de nuestros padres… Debemos sí, como un tributo a ellos, perdonar a los que los agredieron, y aún más, estar orgullosos de nuestros padres, pues si nos avergonzamos de nuestra raza, del color negro de nuestra piel, a la vez nos estamos avergonzando de ellos, quienes nos trajeron a éste mundo, pues si mis padres, abuelos, son negros como yo soy ¿cómo entonces pretendería yo discriminar la raza negra? Me estaría discriminando a mí mismo. Además, nunca hemos visto una mata de yuca parir maíz.

Ese prejuicio racial existe aún en las mentes de la mayoría de los compueblanos dongregorienses, y esa es una de las cosas que debemos vencer, ese sentimiento de inferioridad que nos hace parecer más ignorantes de lo que somos.

Los primeros años

Siendo que no hay evidencia histórica acerca de la fundación de la comunidad de Don Gregorio, es difícil saber cuán antigua es; y aunque sabemos que el negocio de la producción de caña de azúcar data desde la época de la Colonia misma, tampoco creemos que el poblado de Don Gregorio sea tan antiguo como comunidad.

Aunque la finca de Don Gregorio pudo haber existido unos dos o tres o cuatro siglos atrás, lo cierto es que Don Gregorio, la comunidad, no data de tantos años atrás. Es más, Don Gregorio, hace unos 50 a 70 años no era más que una aldea con escasas casas y un puñado de familias, sin calles organizadas.

Después de la salida de los españoles del área, los peones se quedaron en las tierras, donde construían sus casitas y cultivaban alrededor de ellas. No tenían ese sentimiento de comunidad, sino más bien de familia, cuyos vástagos iban creando sus propias familias y construían sus hogares alrededor de las casas de sus padres. No había comercio organizado, pues cultivaban lo que consumían y lo que más se asemejaba a comercio era el trueque informal de productos, con el mero fin de compartir, no comercializar.

Estas personas se asentaron y, luego las identificaciones de los lotes y parcelas llevadas a cabo durante los primeros gobiernos de la República, y posteriormente de las diferentes reformas agrarias, la creación del Tribunal de Tierra, el ordenamiento agrario y rural llevado a cabo durante los años de la Tiranía de Trujillo, consiguieron sus títulos de parcelas y/o parcelas.

Los años perdidos

Luego de la salida de los españoles o muerte de don Gregorio, en tiempos en que los peones se apoderan de las tierras, viene un letargo histórico que data de uno a dos siglos en que no se tiene historia oral de la comunidad de Don Gregorio. Ese es un tiempo perdido en la historia, una comunidad perdida en el tiempo. Esto es consecuencia de la desorganización que había en la Colonia y posteriormente en la recién nacida Republica Dominicana, donde la mayoría de los registros eran comerciales y se circunscribían a las ciudades existentes a la época. Debemos recordar que ninguno de los gobiernos anteriores a Trujillo se molestó en censar los parajes remotos en la parte rural de la isla, y que había poblados cuya existencia no era conocida por los gobiernos de turno. Algunos asentamientos de esclavos cimarrones en las montañas de la Cordillera Central no fueron detectados hasta la construcción de carreteras y caminos vecinales durante la ocupación americana de 1916, los últimos años del gobierno de Horacio Vázquez, y posteriormente durante la tiranía de Trujillo.

Don Gregorio como  comunidad

Don Gregorio pasa a ser Sección Municipal el 1ro. de enero de 1945 cuando el Congreso de la República eleva a la comunidad de Nizao a Distrito Municipal. Esta es la fecha de nacimiento de la comunidad de Don Gregorio, que, aunque había sido fundad décadas antes, legalmente no existía como comunidad en los registros legales de la República Dominicana. De modo que, como no conocemos los días remotos de la fundación de la comunidad, podemos tomar esta fecha como fundación.

continúa.

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Nota: Este trabajo cuenta de varias partes. Estamos recopilando datos y los iremos publicando por partes. Usted puede utilizar este trabajo como material de consulta, pero acuédese de citar la fuente.

Gracias.

Robin Santana Paulino.