Ayer

Ayer viniste a mí sin que te viera,
como en aquellos viejos tiempos
en que te dibujaba caricias tiernas
con mis labios por todo tu cuerpo.

Ayer me dijiste sin que te escuchara,
me susurraste al oído cosas bellas.
Me pediste que del cielo te bajara
una, dos, cuatro, cinco estrellas.

Ayer, sin lugar a dudas fue hermoso,
pues dijiste que me amabas ese día
como no le amas a nadie en esta vida,
así que te abrace confiado y tembloroso.

© Robin Santana – 1989

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