Los viejos de mi pueblo: Pablo Alvino

Pabo Alvino Falcon se casó con Maria Paulino y procrearon los siguientes hijos:

HERMINIA FALCON (Minón), quien casó con Carlos José Alvino (Queque) y procrearon los siguientes hijos: Polina, Barinas, Mercedes, Moncholo, Cristobal.

MARIA DE LAS NIEVES FALCON, quien casó con Felipe Peña y procrearon los siguientes hijos: Josecito (padre de mi amigo Jose Raul Peña Valera-Elni), Agustín, Bizco, Elupina, Ernestina, Minga, Josefa, Prigilia (mujer de Andrés Carmona – El Maco)

JOSE PABLO PAULINO (Caboduro), quien procreó los siguientes hijos: Ernesto Paulino (Mayor Titico Falcon), Tabina (mi adorada abuela), Heroína, Luis (Chulo), Esterfano (Chenche), Fifa, Bartola, Eduardo, Bejino, Andrés, Henry, Nona, José del Carmen, Miriam, Lilian, Telma, Violeta, Mahoma.

ROMAN PAULINO, quien procreó los siguientes hijos: Francisco Alvino (abuelo de Alejandro Alvino), Antolín el alcalde, Antonio, Anaquilina, Fellé, Josecito (el de Mimí), Onelia, Julianita, Maria, Pablo (Pabín), Ramon (Mon), etc.

GENOBEBA FALCON (Bobó), quien procreó los siguientes hijos: José, Joaquín, Cocoreco, Viola, etc.

LUIS FALCON PAULINO, quien procreó los siguientes hijos con Anealia: Manuel (padre de Ruddy Ruddy Falcon), Pablo, Caco, Gamo, Olga

LALA FALCON, quien procreó los siguientes hijos con Luis Manuel Diaz: Armando, Perez, Manduca (padre de Nilcia Silveria Diaz Paulino), Telma, Ida, etc.

SIQUIN FALCON, quien procreo los siguientes hijos: Flor, Marcial el Mocho, Justo, Crucita, Ñeco, Ñiña, etc.

Los viejos de mi pueblo: Enrique Valdez

Enrique Valdez fue el esposo de Celestina Fuentes y padre de Eduardo Valdez Fuentes (La Jachita), Maruja (la madre del agrónomo Tony Valdez), Juan Bautista, Fellito , Blanca, Ana Celia, Leoncio (Leíto), y Mencía (madre de Inés, Félix Valdez “Agapito”, Juaño, Ana Rosa, etc.).
Enrique fue hermano de Tomas Valdez (Buche), quien fue el padre de Tomasa, Bato, y de los hijos de Roselia Bodré (Olga, Fidencio, Eleatina, etc.). También fue hermano de Santiago Valdez (Chago) el padre de Efraina, Luz, Nieve, Papito. Entre los hermanos de Enrique también se encontraba Tula, la esposa de Maurilio.
Por su parte, Celestina Fuentes era hermana de Tatá Fuentes.

Tambores de medianoche

Suena vacío el sordo sonido
En tiempos en que la marea no sube,
La lluvia no cae, abandonado el nido
Que una vez con amor construyó el ave
En el momento en que faltan los sentidos.

Se busca el amor,
sublime ardor
Que alimenta la esperanza
Marchita el dolor
Y reaviva la confianza.

En ese momento de timidez
Y que las caricias exploran sus deseos
Se siente, por primera vez
Los latidos de ese corazón enamorado
A medianoche, Entregado,
Solo se escuchan los latidos
Como tambores los suspiros
Al compás, respiración desesperada
Y los temblores del pecho de la amada.

Los viejos de mi pueblo

Con la mirada pálida, sabiendo que está en el crepúsculo de su vida, sin la fuerza de su juventud que mostraba en los conucos de su padre cerca del arroyo Marumbia, Cambelén Paulino se sienta en la silla debajo de la mata de limoncillo como cada día, a conversar de múltiples cosas, hacer comparaciones entre los tiempos modernos con los de antaño, los cuales añora con melancolía. Quizás se imaginaria, en sus tiempos de juventud, que al llegar a la edad de hoy, se sentiría satisfecho de haber vivido la vida a plenitud.

Junto a él, todos bañaditos y con sus ropas planchaditas, estarán los hermanos Pai y Jemín Valdez. La anfitriona Rosilia Valdez, hermana de estos últimos, no se sentará con ellos. El afán del día que se extiende hasta el atardecer será su excusa. Y ellos, ya de costumbre, ni si quiere se percatan de que ella no les haga compañía, sino que con la confianza de su propia casa, toman cada cual su silla que ellos mismos se auto-asignaron y se sientan a conversar. Al llegar el momento preciso, se levantaran y se irán a sus propias casas.

Don Gregorio ya no es el mismo de los tiempos de su juventud. Los ojos de estos formadores de la comunidad han visto todo el proceso de evolución del pueblo, desde cuando era una pequeña comarca de casas distanciadas, la mayoría de techos de cana, hasta ver aceras y contenes, teléfonos y televisores.

Como ellos, hay otros que se congregan en otras casas de tarde a conversar sobre la comunidad, sobre pelota, de conucos y cosechas, de la vida del pueblo de las cuales sus propias forman parte.

Rememorar los hace felices, los rejuvenece, los llena de vitalidad. Estos son los viejos de mi pueblo, de los cuales nosotros algún día formaremos parte.

 

(Continua)

Noche redentora

El día se vacía en la copa de la noche que se apresura

Quizás la dicha lo detenga y pueda calmar su agonía

La esperanza se dilata hasta el último suspiro

Porque lo que nos depara en esta noche insoluble

No puede ser más horrible que lo vivido en el día

De arrebatos, incomprensibles ataques de locura

E incertidumbre y sensación de que estamos perdidos

Aunque sintamos la oscuridad redentora que nos cubre.

Hay Tiempo Aún

Nunca es tarde para reconocer nuestros errores, dar marcha atrás o cambiar de umbo si el camino en que vamos no es el que deberíamos haber tomado. La patria no nos pertenece a nosotros solos, sino también a las generaciones futuras. ¿Qué le dejaremos a nuestros hijos, nietos y a sus hijos si solo estamos pensando en nosotros mismos hoy día? ¿Una sociedad corrompida? ¿Un estado fallido, inexistente? ¿O les dejaremos un legado del cual ellos puedan enorgullecerse?

Es tiempo para trabajar en eso y enderezar los caminos. Construyamos una patria que perdure, donde las leyes se respeten y los gobernantes trabajen para su porvenir, erradicando la corrupción y preservando el estado de derecho. Aún tenemos tiempo, solo falta voluntad.

Ayer

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Ayer viniste a mí sin que te viera,
como en aquellos viejos tiempos
en que te dibujaba caricias tiernas
con mis labios por todo tu cuerpo.

Ayer me dijiste sin que te escuchara,
me susurraste al oído cosas bellas.
Me pediste que del cielo te bajara
una, dos, cuatro, cinco estrellas.

Ayer, sin lugar a dudas fue hermoso,
pues dijiste que me amabas ese día
como no le amas a nadie en esta vida,
así que te abrace confiado y tembloroso.

© Robin Santana – 1989

Cincuenta versos

Cuando niño quise escribir el poema más largo de mi existencia
de muchas bellas estrofas y hermosos versos extensos.
Quise, en particular, escoger un tema para mi poema
y en ese preciso momento comenzó mi gran problema,
pues buscaba de que escribir y que tendría que ser intenso.
Quise escribir de rosas bellas en jardín soleado de primavera
y esas rosas se marchitaron en mi mente antes de ser plantadas
en el papel con pétalos de rimas, porque no encontré a la amada
para dedicárselo, y me puse triste, fracasado en la primera.
Pero mi empeño por escribirlo era tal que no juego de niño me saciaba
así que, sin ilusión, sin amada, seguí con mi empresa de escribir
y pensé, ¿Por qué no escribir un poema sobre los montes y colinas,
sobre los verdosos pechos de la tierra que se inclinan hacia arriba
para alimentar nuestra existencia, con aire fresco, el vivir?
Pero no, los machetes y hachas empezaron a derribar los bosques
de los cerros, la naturaleza siendo mutilada para la siembra
y el arado acabó con mis deseos de crear una oda a los montes
y entristecí. Temí que llegaría a viejo sin escribir mi poema largo
de muchas estrofas bellas e intensos versos bellos y largos.
Me consterné tanto, que aun ya viejo siento que la voz me tiembla.
Pero me recuperé y decidí perseverar, pues es el valor de los hombres
no dejar nada a medio acabar, ni olvidado para siempre en un letargo.
Se me ocurrió escribir mi poema sobre mis amigos y pensé
que los amigos son importantes y peculiares, diferentes, sé
que mal podría yo ponerlos a todos en un solo juego verbal
pues sería una ingratitud de mi parte, apresurarlos a todos juntos,
porque los amigos son más que eso, una extensión de uno mismo,
el otro yo fuera de mí, por lo que entremezclarlos no sería justo;
porque cada amigo merece su propio poema que abarcase
su sola existencia y relación, que es única y especial.
Entonces quise escribir sobre el amor, del amor, para el amor,
pero hay tantas cosas que se pueden escribir de este sentimiento
que nos hace pensar menos en uno que en los demás
que no sabría con certidumbre por dónde empezar.
Así que decidí empezar con el amor mismo, el propio amor
sin temor a terminar de ninguna manera en arrepentimiento.
Pero el amor tiene sus épocas, sus estaciones.
Cuando pensé por primera vez en escribir, mi amor se manifestaba
de otras formas, pero al crecer y ver la vida con los claros ojos,
de la realidad, de la vida y sus vacilaciones,
entonces supe que, de diferentes maneras y formas,  se amaba
y que no había una forma concreta para definirlo.
Y así empecé mi poema de estrofas muchas y extensos versos
y no me arrepiento, pues escribí que su mirada cegaba la mía
como fuerte luz que dilata mis pupilas y paraliza la vida,
con enérgico abrazo de calor y de sudor ajenos que huele a agrado
y que humedece mi cuerpo con placer de arriba abajo.
Escribí sobre el sentimiento que puede paralizar las agujas
de un reloj que oscurece ante las siluetas, la bulla
que alborotan a los esquizofrénicos enamorados.

El edificio mas importante de Nizao

HCreo que una vez hablamos de esto, pero es bueno siempre reiterar para que las nuevas generaciones recuerden y sepan que las cosas que ellos ven a diario no bajaron del cielo.

El edificio más importante de Nizao no era el ayuntamiento, sino el Local del Partido Dominicano, que lucía imponente, quieto, limpio, organizado, con sus ceras altas, más altas que la calle y sus columnas gruesas, más fuertes que las de la Oficinas Municipales. Vale destacar que el PD era más organizado, estructuralmente que los partidos modernos y, al ser partido único y obligatorio, mucho más grande en proporción con la población que cualquier partido de hoy. Los alcaldes pedáneos eran los encargados del PD en sus comarcas, mientras que en Nizao, en funcionario de mayor rango era un banilejo de apellido Landestoy.

Tras la muerte de Trujillo, el Partido Dominicano fue disuelto y sus locales destinados a otros usos. En Nizao se instaló un dispensario medido. A principio de la década de los 80, el gobierno del Fenecido Antonio Guzmán, en cooperación con la Shell Corporation, remodelaron el Dispensario y lo re-bautizaron con el nombre de Sub-Centro de Salud Nizao, cuyo nombre lleva hasta el día de hoy. Fue ampliado una vez más durante el gobierno de Leonel Fernández.