Un amor viejo

Un amor viejo que no retoñará,
como la hoja seca que cayó
del árbol cuya brisa apartó
de su entorno, procuró
que jamás su mente soñara
con volver a verdecer.

Amor viejo como los caminos arrugados
pisados por el imperdonable tiempo
esos caminos silenciosos y sin aliento
que de dolor se retuercen ondulados

Si algún día viniese ese viejo amor
con su bastón en mano temblorosa
a reclamar su jardín cuyas mariposas
hace tiempo perdieron su color,
diciciendo: “Yo soy aquel poeta
que cultivó este jardín de rosas muertas.
Abre tu corazón que estoy a la puerta”
no lo haré aunque sienta que mi alma llora,
porque nadie se siente ser poeta
y ese nombre es usado solo en tercera persona.

Los atabales del Marumbia

 

Las gotas de lluvia caen sin piedad sobre los lirios

Dum, dum, dum, dum, se dejan sonar con delirio

Las hojas anchas como tambores del Marumbia,

Atabales que despiertan a la playa, al junco

Al mar que yace inédito entre la imaginación

De los sueños imposibles, con canticos retumba,

De campesinos, de pescadores, ambos juntos

Y un rio que muere a diario con pasión.

Y la lluvia vuelve a caer sobre la humedad

De un arroyo lúgubre y descontento

Que duerme su constante espera

De ser visto, conquistado, descubierto

Para contar su historia, lo que una vez era

Innegable afluente de temerosa profundidad.

Los atabales del Marumbia suenan

Anunciando su existencia y su letargo

Sus tonos tristes, profundos y amargos

Como hojas de lirios que les adornan.

Ayer

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Ayer viniste a mí sin que te viera,
como en aquellos viejos tiempos
en que te dibujaba caricias tiernas
con mis labios por todo tu cuerpo.

Ayer me dijiste sin que te escuchara,
me susurraste al oído cosas bellas.
Me pediste que del cielo te bajara
una, dos, cuatro, cinco estrellas.

Ayer, sin lugar a dudas fue hermoso,
pues dijiste que me amabas ese día
como no le amas a nadie en esta vida,
así que te abrace confiado y tembloroso.

© Robin Santana – 1989

Cincuenta versos

Cuando niño quise escribir el poema más largo de mi existencia
de muchas bellas estrofas y hermosos versos extensos.
Quise, en particular, escoger un tema para mi poema
y en ese preciso momento comenzó mi gran problema,
pues buscaba de que escribir y que tendría que ser intenso.
Quise escribir de rosas bellas en jardín soleado de primavera
y esas rosas se marchitaron en mi mente antes de ser plantadas
en el papel con pétalos de rimas, porque no encontré a la amada
para dedicárselo, y me puse triste, fracasado en la primera.
Pero mi empeño por escribirlo era tal que no juego de niño me saciaba
así que, sin ilusión, sin amada, seguí con mi empresa de escribir
y pensé, ¿Por qué no escribir un poema sobre los montes y colinas,
sobre los verdosos pechos de la tierra que se inclinan hacia arriba
para alimentar nuestra existencia, con aire fresco, el vivir?
Pero no, los machetes y hachas empezaron a derribar los bosques
de los cerros, la naturaleza siendo mutilada para la siembra
y el arado acabó con mis deseos de crear una oda a los montes
y entristecí. Temí que llegaría a viejo sin escribir mi poema largo
de muchas estrofas bellas e intensos versos bellos y largos.
Me consterné tanto, que aun ya viejo siento que la voz me tiembla.
Pero me recuperé y decidí perseverar, pues es el valor de los hombres
no dejar nada a medio acabar, ni olvidado para siempre en un letargo.
Se me ocurrió escribir mi poema sobre mis amigos y pensé
que los amigos son importantes y peculiares, diferentes, sé
que mal podría yo ponerlos a todos en un solo juego verbal
pues sería una ingratitud de mi parte, apresurarlos a todos juntos,
porque los amigos son más que eso, una extensión de uno mismo,
el otro yo fuera de mí, por lo que entremezclarlos no sería justo;
porque cada amigo merece su propio poema que abarcase
su sola existencia y relación, que es única y especial.
Entonces quise escribir sobre el amor, del amor, para el amor,
pero hay tantas cosas que se pueden escribir de este sentimiento
que nos hace pensar menos en uno que en los demás
que no sabría con certidumbre por dónde empezar.
Así que decidí empezar con el amor mismo, el propio amor
sin temor a terminar de ninguna manera en arrepentimiento.
Pero el amor tiene sus épocas, sus estaciones.
Cuando pensé por primera vez en escribir, mi amor se manifestaba
de otras formas, pero al crecer y ver la vida con los claros ojos,
de la realidad, de la vida y sus vacilaciones,
entonces supe que, de diferentes maneras y formas,  se amaba
y que no había una forma concreta para definirlo.
Y así empecé mi poema de estrofas muchas y extensos versos
y no me arrepiento, pues escribí que su mirada cegaba la mía
como fuerte luz que dilata mis pupilas y paraliza la vida,
con enérgico abrazo de calor y de sudor ajenos que huele a agrado
y que humedece mi cuerpo con placer de arriba abajo.
Escribí sobre el sentimiento que puede paralizar las agujas
de un reloj que oscurece ante las siluetas, la bulla
que alborotan a los esquizofrénicos enamorados.

Mis ojos velados

Veo los caminos anchos, estrechos,
el cielo despejado, lo veo nublado.
La angustia tiene mis ojos velados,
y la desilusión quiebra mi pecho.

No es que haya perdido la fe,
es que las vicisitudes del alma
me impiden cada vez ejercitarla,
pero mi Dios me da fuerza, lo se.

Iguales todos

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Tu grandeza radica en tu propia pequeñez.
Es la humildad la que eleva la estatura
de este pequeño ser de Dios criatura
y la lleva al tamaño de la tierra y su redondez.

¿Por qué tanto te afanas oh finito ser?
¿Por qué te preocupas por engrandecer
si con cada esfuerzo lo contrario sucede,
pues poco a poco vas perdiendo el querer?

El fin del camino

Heme aquí, parado frente al horizonte
con la vista hacia donde muere el camino
que no es más que la vida del hombre,
su legado, su trayecto, su destino.

Intensamente observo que se pierde
donde la tierra se une con el cielo,
donde el cielo en tierra se convierte,
o en cielo se convierte en suelo.

Ahí para todo, todo se detiene,
pues no hay un más allá después
de esa línea difusa que es, será y fue
el fin de todo cuanto viviere.

En este preciso espacio/tiempo
en que las energías se han agotado
en que el tiempo no ha sido acumulado
y la esperanza no lo es más,
pues el camino que una vez fue largo
ya lo vemos terminar.

Te entendí

Entendí desde el primer instante,
En aquel momento en que llegaste
Sin que te esperara yo.
Fuiste calando, y te quedaste
En mi pobre corazón.
Apareciste cuando ya yo había
Trillado varios caminos
Algunos pedregosos,
Otros sin destino, sin vías
Que no llevaban a parte alguna
Pero tú me hiciste ver la vida
De manera diferente
Al punto de que a cada instante
Me pregunto
¿Por qué no te conocí antes?

Todo Cambiará

Todo cambiará.
Y yo cambiaré también.
Todo diferente será,
el sol saldrá desde el occidente
y se pondrá en el oriente.
Entonces, cuando éste se ponga,
será el amanecer.
Y me llamarás,
y me dirás lo que no he escuchado jamás.
La rutina cambiará
Ya no habrá quien esté en la esquina
sentado, matando el tiempo
Ni los preocupados por eliminar el ocio,
tampoco los que envejecen a diario
a destiempo. Martirio eterno,
Preocupación perenne
En busca del pan diario
Que no aparece.
Y no escucharemos los ruidos
Ensordecedores
Ni ese sol que quema a las doce.