Apoyemos al presidente Danilo Medina contra la Barrick Gold

Todos los dominicanos debemos apoyar al presidente Danilo Medina en su odisea con la Barrick Gold, porque escuchar al embajador americano hablando plepla indica que la presion va a ser fuerte. Danilo va a necesitar del apoyo de todos los sectores de la sociedad domincana, quienes tenemos que defender a uña y diente nuestras riquezas. Hay que parar ese colonialismo rapaz con apoyo de sectores oscuros de nuestra sociedad dominicana.

Han convertido a RD en una caricatura de país

Se habla cada día del “progreso” sin analizar bien lo que significa el término, y se ajusta, como medida de sastre, a la visión que tiene un grupito en cuanto a la forma en que nosotros los dominicanos debemos vivir nuestras vidas.

Se habla de progreso cuando la seguridad ciudadana cada día se convierte en un mito. Uno se pregunta, ¿será que las autoridades tiraron la toalla en su lucha contra la delincuencia? El asunto es más complejo de ahí. Y no es casual, sino que es una ruta trazada, pues el reinado del caos y la frustración ciudadana es lo que se quiere para poder imponer su agenda, que no es más que enriquecer a dos o tres.

Se habla de progreso cuando organismos internacionales denuncian que la corrupción se lleva buena tajada del presupuesto nacional y nuestro querido presidente ni caso hace a esas denuncias. No hay pudor, no hay vergüenza, no le molesta que todo el mundo sepa que el dolo ha infestado su administración; que la corrupción es el primer y más usado calificativo de su gobierno. Le importa un bledo, siempre y cuando se salgan con las suyas.

No podemos hablar de progreso cuando cada día nuestras instituciones son más débiles, haya que hacer acuerdos para que se cumplan las leyes, y haya que crear un ministerio para cada renglón de la vida nacional.

No se puede hablar de progreso en un país que no invierta en educación; en un país, donde el Banco Central  revela que el costo promedio de la canasta familiar es de RD$23,398.58 mensuales (http://www.eldia.com.do/economia-y-finanzas/2011/2/2/44833/La-canasta-familiar-promedio-se-eleva-a-RD23398-segun-el-Banco-Central), mientras el que lo anuncia, el gobernador del banco, devenga 43 veces esa cantidad y el salario mínimo es de RD$6,000 (cuatro veces menos).

Como se puede hablar de progreso en un país donde se gastan millones de pesos en compra de motocicletas Harley Davidson y aviones Super Tucanos para ‘combatir’ la delincuencia y estos se desvanecen de un día para otro y no hay un solo sometido como responsable de esa desaparición.

Y mas… pero lo dejaremos hasta aquí, porque a esta cherchocracia no se le pueda llamar progreso.

Necesitamos un plan de desarrollo a largo plazo

Ningún país se desarrolla con planes de cuatro años. Ni siquiera Estados Unidos se ha podido recuperar en ese periodo. La Republica Dominicana debe copiar de los países desarrollados la práctica del continuismo en las ejecuciones del estado.  No podemos progresar si el gobierno X empieza la construcción de una carretera y el gobierno Z viene y la paraliza porque entiende que se debe hacer otra cosa. Tampoco podemos progresar si el gobierno X empieza esa carretera, no porque sea una obra prioritaria, sino porque entiende que debe favorecer a unos ‘amiguitos’ para que ‘se ganen unos chelitos’.  Si queremos progresar, debemos planificar en consenso con todas las fuerzas políticas y productivas de la nación un proceso de desarrollo de diez a quince años, empezando por la educación, el sistema, el aparato productivo, y por ultimo las infraestructuras. En otras palabras, planificar como mejorar los niveles de educación para así tener una ciudadanía que piense a conciencia y que no ‘sueñe con pajaritos preñados’. Modernizar nuestro sistema político-económico, haciendo que nuestras instituciones sean más fuertes y que las leyes las respeten todos. Un país que se desarrolla es aquel que se empeña en hacer lo que sabe hacer y lo hace bien. Explotar nuestro potencial para así crear más fuentes de empleo. Lamentablemente aquí, cuando se invierte en un sector es porque se abandona el otro, y no debe ser así. Teniendo estos factores en funcionamiento, tendremos, por consiguiente, un país más organizado y más bello.

Un elefante blanco

Los Estados Unidos de Norteamérica tiene una población de 308 millones de personas distribuidos en su territorio de unos 10 millones de kilómetros cuadrado. El gobierno de este país es uno de los más poderosos del mundo en cuanto a su eficiencia y funciona con 15 departamentos o ministerios, como le llamamos en la Republica Dominicana. Y funciona. Todas las actividades gubernamentales están distribuidas en esos 15 ministerios y no se escapa nada. El gobierno norteamericano controla todo, en el amplio sentido de la palabra. Hay regulaciones para todo y para todos, hasta para tu remodelar tu casa tienes que sacar un sin número de permisos; y de no hacerlo, al nomas clavar un clavo ahí están los inspectores. A eso se le llama eficiencia, con sus defectos por supuesto, pues no hay nadie perfecto en esta vida.

Hago esta referencia, porque analizando nuestra situación dominicana, llega uno a la conclusión de que nuestro gobierno es demasiado grande para el tamaño y los ingresos de nuestro país. Republica Dominicana es 201 veces menor en territorio que los Estados Unidos y su población es 30 veces menor, pero tiene siete ministerios más. El gobierno dominicano es un elefante blanco ¿Para qué hacer crecer el gobierno si la calidad de vida de los dominicanos empeora cada día más? No son más ministros los que necesita la republica, es eficiencia. Por ahí se debe partir, no acusando a los ayuntamientos por el ‘crecimiento desproporcionado’ de los pueblos. Esos cinturones de miseria que arropan a cada comunidad hoy día, si a eso se refiere, son creados por la ineficiencia del gobierno de garantizar las necesidades básicas de la población porque los intereses personales de la cúpula gubernamental son más importantes que el bienestar del pueblo.

La proliferación de los cinturones de miseria es responsabilidad del gobierno. La gente tiene que vivir y lo hacen en las circunstancias que les ofrezca la vida. No todos tienen la suerte de ir a la universidad y graduarse de abogado, ni de haber nacido con el pan debajo del brazo. Para muchas personas, su única riqueza son sus brazos y la esperanza de que algún día el gobierno se acuerde de que hay 10 millones de indigentes a los cuales hay que garantizarles las necesidades básicas –salud, alimento, educación y techo. No regalárselos, sino proporcionar las facilidades para que estos puedan hacerse de ellos mediante el trabajo justo, sin que nunca se les  sojuzgue su dignidad y condición humanas. Ellos, a quienes les duele el tener que hacer sus casuchas a orillas de las cañadas y regolas, les importa que sus hijos vomiten agua al medio día, mientras que los miembros del Comité Político del partido gobernante no encuentran bancos vacios para guardar sus riquezas, cuando deberían de aplicar la austeridad, honestidad en el manejo de los fondos, para sacar al país de la miseria; porque esta miseria está volviendo loca a la gente. Eso de verdad que duele, y duele profundamente.

En esto debemos estar claro, y todo aquel que se auto determina o auto proclame defensor del pueblo, debe de izar esta bandera y no otra; debe de utilizar sus medios para clamar por ese pueblo sufriente, no para defender a un gobierno de corruptos, indolentes, amigos de lo ajeno, funcionarios que negocian con el narco, que no pagan la luz, una primera dama con un presupuesto sin límites para hacer politiquerías usurpando las funciones de los taaantos ministerios que nos gastamos, y un presidente que parece que le importa un pito (hasta prueba en contra, pues todos los funcionarios que han sido señalados con anomalías en sus funciones, han sido luego promovidos o n o removidos). Pero ante todos estos agravios, sacamos tiempo para criticar a los ayuntamientos que son también víctimas de la indolencia del gobierno.

Debemos de ser coherentes en nuestros planteamientos para ser respetados, porque quien no se respeta así mismo, no puede exigir respeto a los demás.