Senén

2 de mayo. 34 años. Una vida se apaga. Una madre llora unas lágrimas que jamás se detienen. Un llanto perenne que la desgasta. Sucedió un día después de que él se pasó el día entero en una batea llena de agua, pues no aguantaba el calor, ese ardor que se lo comía desde adentro.

Eso fue después. Después. Después de que nos contagiara a todos con su sonrisa a lo John Wayne, o nos provocara envidia dándole un beso en la mejilla a la profesora Dilcia la banileja. ¡Qué envidia!

Después de que nos juntara a todos y, con la peseta que le daba su madre, nos comprara Pan Cuca donde Rosilia. Pan Cuca, sabrosos con esa tinta roja encima.

2 de mayo. Esa fue mi primera experiencia con la muerte. La primera vez que vi a un amigo inerte, presente y a la vez ausente; y aunque tenía solo nueve años, jamás, jamás he olvidado ese momento.

Facundo Falcón, Senén, murió en plena juventud, empezando a vivir, de una fiebre que se lo comió por dentro.

Se frisó para siempre, pues jamás envejecerá. Por lo menos en mi memoria.