El sastre titiritero

Hubo una vez un sastre que estaba desempleado. Había una escasez de dinero y las personas no cambiaban sus ropas viejas. El pueblo estaba triste, el sastre también, pues no tenía trabajo. Un día, decidió crear títeres con las telas que tenía. Creó un pequeño teatro de madera y presentó su función en la plaza central del pueblo. Todos acudieron, y por primera vez en años sonrisas fueron dibujadas en los rostros de los lugareños. Así hacía, y los lugareños pagaban voluntariamente por la función con lo que podían, mas no todos sabían que el titiritero era el humilde sastre de la esquina, quien tuvo que cerrar su taller por falta de clientes.
La popularidad de los títeres creció bastante, y el sastre se sentía orgulloso hasta que un día, caminando por la acera se encontró con dos que alegremente repetían los chistes de los títeres, a quienes llamaban por sus nombres. El sastre sonrío, pero entristeció al saber que las personas no sabían que él era el titiritero. Entristeció y los celos se apoderaron de él, al darse cuenta que la fama de su creación era para las criaturas y no para el creador, así que enfurecido, llegó a casa, rompió los títeres y el retablo. Desde ahí, el pueblo volvió a entristecer, y el sastre que ya no era sastre ya tampoco era titiritero.

Los atabales del Marumbia

 

Las gotas de lluvia caen sin piedad sobre los lirios

Dum, dum, dum, dum, se dejan sonar con delirio

Las hojas anchas como tambores del Marumbia,

Atabales que despiertan a la playa, al junco

Al mar que yace inédito entre la imaginación

De los sueños imposibles, con canticos retumba,

De campesinos, de pescadores, ambos juntos

Y un rio que muere a diario con pasión.

Y la lluvia vuelve a caer sobre la humedad

De un arroyo lúgubre y descontento

Que duerme su constante espera

De ser visto, conquistado, descubierto

Para contar su historia, lo que una vez era

Innegable afluente de temerosa profundidad.

Los atabales del Marumbia suenan

Anunciando su existencia y su letargo

Sus tonos tristes, profundos y amargos

Como hojas de lirios que les adornan.