Tenía una voz, una sola

Tenía una voz, una sola

Un corazón poseía, uno solo
Que latía sonidos de dolor.

Tenía un amor, tan solo uno
Ardiente como el sol diurno
Solo amor, sin rencor ninguno.

Lo entrego todo a cambio de nada
Sin el menor pudor fue traicionada
Pero era fuerte y aunque agobiada
Quedó muda, perdida en su mirada.

Al pasar el tiempo implacable
Que no perdona a nadie
Pero ella sí, siempre amigable
Se vio a sí misma en ese alguien
Y perdonó, como quien olvida la tarde.

Su corazón grande, su alma enorme
Su amor fue íntegro y puro
Como agua de rocío cristalino
Inocente como niño,
Siempre alegre, nunca inconforme
Aunque su vida sea un torbellino.

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