Un constante clamor

Cuando en 1977 se comenzaron a asfaltar las calles de Don Gregorio, el pueblo quedó fascinado con el olor a alquitrán (asfalto) que dejaban las maquinas al derretir el negro pavimento encima del caliche plano y nivelado de la calle. El asfalto no huele bien, pero su aroma era la satisfacción de ver unas calles recién construidas en una comunidad que se daba el auge de pueblo.  Calles nuevas y negrecitas en una comunidad que solo tenía tres vehículos. El uso, el tiempo y las inclemencias del clima se encargaron de destruirlas.
Casi dos décadas después, durante el último ‘decimato’ del Dr. Balaguer (1986-1996), las calles volvieron a ser restauradas y la gente se deleitaba corriendo bicicletas, motores, y hasta la cantidad de vehículos había crecido en la comunidad. Muchos fueron los niños que dejaron el pellejo de las rodillas en el pavimento. Muchas eran las amas de casa que se deleitaban barriendo el frente de sus casas, echando agua para oler el asfalto en un día cálido de esos de julio o agosto o semana santa.
Pero vino el gobierno primero de Leonel y decidió cambiar las tuberías del acueducto. Cierto es que esas tuberías oxidadas habían caducado décadas antes y que era inminente cambiarlas por tuberías de plástico (PVC) para el bien y la salud de la comunidad. También es cierto que si el gobierno rompe unas calles recién asfaltadas, debería dejarlas como las encontró, nítidas, limpias y buenas.
El señor Aníbal Gerónimo, quien fuese el encargado del proyecto de las tuberías, nunca respondió a la comunidad cuando se le indagó sobre la restauración de las calles. Pasaron los cuatro años del gobierno de Leonel y no se hizo nada. Vinieron los cuatro años del gobierno de Hipólito, y tampoco se hizo nada. Leonel volvió y lleva ya casi dos años de gobierno y ni siquiera se dice nada. Mientras nuestras calles ven su decadencia más grande de los últimos treinta años, que el transitarlas se ha vuelto un poco peligroso, debido a las hierbas que les han nacido, las aguas negras que estas estancan, y los hoyos que están por doquier.
Ahora en este año de campaña, ninguno de los candidatos a síndico se ha pronunciado en favor, no de reconstruir las calles, pues el presupuesto del ayuntamiento no alcanza para eso, sino a hacer las gestiones para que el gobierno central se encargue del asunto.
El tiempo transcurre, las calles de Don Gregorio parecen hoy caminos vecinales, y el constante clamor de la gente no ha sido escuchado todavía.

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