El sastre titiritero

Hubo una vez un sastre que estaba desempleado. Había una escasez de dinero y las personas no cambiaban sus ropas viejas. El pueblo estaba triste, el sastre también, pues no tenía trabajo. Un día, decidió crear títeres con las telas que tenía. Creó un pequeño teatro de madera y presentó su función en la plaza central del pueblo. Todos acudieron, y por primera vez en años sonrisas fueron dibujadas en los rostros de los lugareños. Así hacía, y los lugareños pagaban voluntariamente por la función con lo que podían, mas no todos sabían que el titiritero era el humilde sastre de la esquina, quien tuvo que cerrar su taller por falta de clientes.
La popularidad de los títeres creció bastante, y el sastre se sentía orgulloso hasta que un día, caminando por la acera se encontró con dos que alegremente repetían los chistes de los títeres, a quienes llamaban por sus nombres. El sastre sonrío, pero entristeció al saber que las personas no sabían que él era el titiritero. Entristeció y los celos se apoderaron de él, al darse cuenta que la fama de su creación era para las criaturas y no para el creador, así que enfurecido, llegó a casa, rompió los títeres y el retablo. Desde ahí, el pueblo volvió a entristecer, y el sastre que ya no era sastre ya tampoco era titiritero.

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