Un elefante blanco

Los Estados Unidos de Norteamérica tiene una población de 308 millones de personas distribuidos en su territorio de unos 10 millones de kilómetros cuadrado. El gobierno de este país es uno de los más poderosos del mundo en cuanto a su eficiencia y funciona con 15 departamentos o ministerios, como le llamamos en la Republica Dominicana. Y funciona. Todas las actividades gubernamentales están distribuidas en esos 15 ministerios y no se escapa nada. El gobierno norteamericano controla todo, en el amplio sentido de la palabra. Hay regulaciones para todo y para todos, hasta para tu remodelar tu casa tienes que sacar un sin número de permisos; y de no hacerlo, al nomas clavar un clavo ahí están los inspectores. A eso se le llama eficiencia, con sus defectos por supuesto, pues no hay nadie perfecto en esta vida.

Hago esta referencia, porque analizando nuestra situación dominicana, llega uno a la conclusión de que nuestro gobierno es demasiado grande para el tamaño y los ingresos de nuestro país. Republica Dominicana es 201 veces menor en territorio que los Estados Unidos y su población es 30 veces menor, pero tiene siete ministerios más. El gobierno dominicano es un elefante blanco ¿Para qué hacer crecer el gobierno si la calidad de vida de los dominicanos empeora cada día más? No son más ministros los que necesita la republica, es eficiencia. Por ahí se debe partir, no acusando a los ayuntamientos por el ‘crecimiento desproporcionado’ de los pueblos. Esos cinturones de miseria que arropan a cada comunidad hoy día, si a eso se refiere, son creados por la ineficiencia del gobierno de garantizar las necesidades básicas de la población porque los intereses personales de la cúpula gubernamental son más importantes que el bienestar del pueblo.

La proliferación de los cinturones de miseria es responsabilidad del gobierno. La gente tiene que vivir y lo hacen en las circunstancias que les ofrezca la vida. No todos tienen la suerte de ir a la universidad y graduarse de abogado, ni de haber nacido con el pan debajo del brazo. Para muchas personas, su única riqueza son sus brazos y la esperanza de que algún día el gobierno se acuerde de que hay 10 millones de indigentes a los cuales hay que garantizarles las necesidades básicas –salud, alimento, educación y techo. No regalárselos, sino proporcionar las facilidades para que estos puedan hacerse de ellos mediante el trabajo justo, sin que nunca se les  sojuzgue su dignidad y condición humanas. Ellos, a quienes les duele el tener que hacer sus casuchas a orillas de las cañadas y regolas, les importa que sus hijos vomiten agua al medio día, mientras que los miembros del Comité Político del partido gobernante no encuentran bancos vacios para guardar sus riquezas, cuando deberían de aplicar la austeridad, honestidad en el manejo de los fondos, para sacar al país de la miseria; porque esta miseria está volviendo loca a la gente. Eso de verdad que duele, y duele profundamente.

En esto debemos estar claro, y todo aquel que se auto determina o auto proclame defensor del pueblo, debe de izar esta bandera y no otra; debe de utilizar sus medios para clamar por ese pueblo sufriente, no para defender a un gobierno de corruptos, indolentes, amigos de lo ajeno, funcionarios que negocian con el narco, que no pagan la luz, una primera dama con un presupuesto sin límites para hacer politiquerías usurpando las funciones de los taaantos ministerios que nos gastamos, y un presidente que parece que le importa un pito (hasta prueba en contra, pues todos los funcionarios que han sido señalados con anomalías en sus funciones, han sido luego promovidos o n o removidos). Pero ante todos estos agravios, sacamos tiempo para criticar a los ayuntamientos que son también víctimas de la indolencia del gobierno.

Debemos de ser coherentes en nuestros planteamientos para ser respetados, porque quien no se respeta así mismo, no puede exigir respeto a los demás.

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